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La frustración es una vivencia o sentimiento que se produce cuando un deseo, una ilusión, una necesidad o un proyecto , no se llega a cumplir o a satisfacer.

Ante este tipo de situaciones, la persona reacciona a nivel emocional con expresiones de ansiedad, tristeza, desesperanza, ira y con alteraciones en el estado de ánimo y en su humor.

En la actualidad, está  a la orden del día que esto ocurra también entre los más pequeños quienes, a nivel madurativo, cuentan con una habilidad de gestión emocional menos desarrollada que los adultos.

 

Cuando un niño o niña tiene baja tolerancia a la frustración, le cuesta mucho más que a un adulto poder entender y canalizar de manera eficaz todas las emociones que siente y , cuando son muy pequeños, no tienen desarrollado el concepto del tiempo ni la capacidad de pensar en los deseos y las necesidades de los demás.

Cuando un deseo o una ilusión no se cumplen a causa de la frustración es importante recordar que, el origen del problema, no se encuentra tanto en las situaciones externas en sí mismas sino en la forma en la que el niño las afronta. También es importante tener en cuenta que , cada niño, vive sus situaciones de forma distinta al tratarse de vivencias personales por lo que cada uno se enfrentará y reaccionará ante estos hechos o eventos de manera diferente.

 

¿ Cómo son los niños/as que tienen baja tolerancia a la frustración?

  • Son niños/as exigentes y demandantes
  • Son más impulsivos/as e impacientes que el resto: buscan satisfacer sus necesidades de forma inmediata por lo que cuando tienen que esperar para  obtener algo que le gusta o les apetece, suelen presentar pataletas y llanto fácil.
  • Se frustran con mucha facilidad
  • Les cuesta mucho manejar sus emociones y , a largo plazo, pueden desarrollar problemas de ansiedad.
  • Son niños/as menos flexibles: les cuesta adaptarse a las situaciones nuevas o que no son como esperas.

 

Tanto en el ámbito escolar para los profesores como en el ámbito familiar para los padres, es importante y fundamental enseñar a los niños/as a tolerar la frustración desde pequeños y ayudarles a afrontar esas situaciones en que no consiguen lo que quieren.

La teoría siempre parece muy fácil pero, ¿cómo podemos poner esto en la práctica desde casa? A continuación os ofrecemos unas pautas que pueden seros de gran ayuda.

 

Ser un buen ejemplo

La actitud positiva de los padres a la hora de afrontar las situaciones adversas es el mejor ejemplo para que los hijos aprendan a resolver sus problemas.

 

Enseñarles a esperar

Incrementar los tiempos de espera de lo que el niño/a solicita según la edad para aprenda a tolerar cada vez mejor la frustración y a saber esperar y desarrollar su paciencia.

 

Saber decir que no

La mejor manera para que un niño aprenda a tolerar la frustración es poner límites. Al principio, cuando se le prohíbe algo o se impide su deseo inmediato de obtener lo que quiere, es normal que el niño se frustre y llore, tenga una rabieta o incluso  intente pegar o romper algo. Puede parecer muy frustrante también tener que lidiar con una reacción así pero, la mejor manera de hacerlo, es aplicar las normas y límites con amabilidad y firmeza.

El NO, aunque frustre a los niños, es necesario para su tolerancia a la frustración. Intentar complacer siempre a los niños y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no favorece su desarrollo  ni les ayuda a aprender a gestionar y entender sus emociones.

 

Educarle en el esfuerzo

Es importante enseñar al niño que es necesario esforzarse. Así aprenderá que el esfuerzo es, en muchas ocasiones, la mejor vía para resolver algunos de sus fracasos y , además, en la mayoría de los casos trae después una recompensa.

 

Marcarle objetivos

Hay que enseñar al niño a tolerar la frustración poniéndole objetivos realistas y razonables, pero sin exigirle que se enfrente a situaciones que, por su edad o madurez, sea incapaz de superar.

 

No darle todo hecho

Si se le facilita todo al niño y no se le permite alcanzar sus retos por sí mismo, es difícil que pueda equivocarse y aprender de sus errores para saber cómo enfrentarse al fracaso.

 

No ceder ante sus rabietas

Las situaciones frustrantes derivan, en muchos casos, en rabietas. Si cedemos ante ellas, el niño aprenderá que esa es la forma más efectiva de resolver los problemas y seguirá recurriendo a ellas porque las verá como útiles.

 

Ayudarle a identificar sus emociones

Enseñar a los hijos a identificar y etiquetar sus propias emociones les permitirá poder conocer y controlar también sus reacciones y poder anticipar en qué situaciones se producen.

 

Reforzar sus logros y educarle en el esfuerzo

Es muy importante valorar sus logros y esfuerzos y potenciarlos para favorecer su autoestima y su capacidad de competencia.

 

Aunque el camino parezca largo y difícil y muchas veces la paciencia se pierda, no olvidéis que conseguir tolerar y manejar la frustración exige tiempo,  esfuerzo y entrenamiento tanto por parte de los padres y de los profesores como del propio niño por eso, es importante ser constantes y consecuentes y tener en cuenta el desarrollo de vuestro hijo y respetar también sus tiempos durante el aprendizaje.

Os animamos a que recordéis también que con esfuerzo, paciencia, disciplina y amabilidad, podréis ayudar a vuestros hijos a caminar más firmes y seguros en la consecución de este objetivo.

 

Ana García Ruiz, psicóloga infanto-juvenil y de adultos del Dto. De Psicología de Proyecto Aprende.